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Plátanos y radiactividad

platano¿Qué tienen que ver los plátanos y la radiactividad? Bueno, un plátano es una fruta que se cultiva en Canarias además de en otros muchos lugares del mundo y la radiactividad es un fenómeno que consiste en la transformación espontánea de un núcleo (sobre núcleos ya hablamos en la entrada “El núcleo y sus modelos”) que conduce a un cambio en su composición o en su energía interna mediante la emisión de partículas o radiación electromagnética. Hasta aquí no parece que tengan mucho que ver. Pero, entonces, ¿por qué empezamos esta entrada con la fotografía de un plátano? Pues porque los plátanos son radiactivos.

Sí, el plátano que te has comido a media mañana o para acabar el almuerzo emite radiación. Antes y después de entrar en tu estómago. De hecho, se han inventado conceptos como “dosis equivalente a un plátano” que, en casos de fugas radiactivas, son utilizados para explicar el nivel de radiación a la población. Pero no hay que preocuparse. En nuestro planeta existen de manera natural los emisores radiactivos, nosotros también emitimos radiación e incluso el agua o la cerveza que nos bebemos. Y, ahora que vemos radiación por “everywhere”, intentemos explicar con un poco más de detalle los tipos más frecuentes de desintegraciones nucleares, las conocidas desintegraciones α, β y γ, así como la fisión y la emisión de nucleones.

Desintegración Alfa

alfaalfa2

Como vemos en la imagen, la desintegración alfa consiste en la emisión de núcleos de Helio (las llamadas partículas α) por núcleos pesados. Hemos puesto el ejemplo del Uranio que emite una partícula alfa, disminuyendo su número de nucleones en cuatro (dos protones y dos neutrones) y transmutando en Torio.

En los núcleos la repulsión electrostática va aumentando a medida que el número de protones se va haciendo mayor. En los átomos con Z>82 la repulsión coulombiana empieza a ser capaz de romper la estabilidad nuclear. Y entonces, para determinados núcleos, ocurre la desintegración alfa. El motivo de que la partícula emitida sea un núcleo de helio en vez de cualquier otra partícula tiene que ver con la enorme energía de enlace que poseen dichas partículas.

Este tipo de desintegración es una prueba del conocido “efecto túnel”. Hablemos un poco de qué es esto. En principio, tenemos nuestra partícula en un pozo de potencial, debido al núcleo, como el siguiente:

particulas clasicas dentro y fuera de la barrera

La partícula tiene una energía positiva pero no suficiente para traspasar la barrera de potencial desde el punto de vista clásico. Debería, por tanto, quedarse confinada en el núcleo. Sin embargo, se observa experimentalmente que escapa. Lo que ocurre es que este fenómeno no puede estudiarse clásicamente. La física cuántica nos dice que la partícula α sí puede abandonar el núcleo porque su función de onda tiene una expresión tal que la probabilidad de encontrar a la partícula fuera del pozo no es cero. Por tanto, lo que tenemos en el caso de la desintegración α es una prueba del llamado “efecto túnel”.

Desintegración Beta

beta

La desintegración beta comprende tres procesos nucleares. En uno de ellos se emiten electrones, en otro positrones y en el tercero se produce la captura de un electrón por parte de núcleos alejados de la línea de estabilidad. En un momento explicaremos qué es esta línea.

En la figura anterior aparecen los casos del Carbono 14 y del Nitrógeno 13 como ejemplos de desintegraciones \beta^+ y \beta^- respectivamente .

La línea de la estabiliddad es algo que aparece cuando representamos gráficamente en tres dimensiones, para núcleos, el número neutrónico frente al número atómico y, en el tercer eje, la masa. En dos dimensiones, al representar N frente a Z tenemos lo siguiente:

belt of stability

Observamos que los núcleos estables se encuentran en la zona en la que Z≅N para A<40. A partir de A∼40 el cociente N/Z va aumentando poco a poco, hasta alcanzar valores de N/Z∼1,56.

El proceso de desintegración beta es una interacción débil en el que uno de los nucleones que se encuentra en exceso (neutrón o protón) se transforma en el otro, emitiendo un electrón, o un positrón de forma que se conserve la carga eléctrica. En el caso de la captura electrónica un protón del núcleo captura un electrón dejando un hueco en la estructura electrónica. Este hueco es llenado inmediatamente por otro electrón y habrá emisión de radiación electromagnética (rayos X) procedente de la corteza atómica.

En todos los casos aparece un neutrino, o su antipartícula, para cumplir con la conservación de la energía y el momento angular total. De hecho, la existencia de esta partícula se postuló en los años 30 para hacer cumplir con el principio de consevación de la energía, porque sin ella, no era posible. Lo que ocurría era que el espectro energético de los electrones emitidos en la desintegración era contínuo, con energías que iban desde cero hasta un cierto valor máximo. Pero sin neutrinos, para cumplir con la conservación de la energía tendría que ocurrir que el electrón fuese emitido siempre con la misma energía. Ya que eso no pasaba, había que buscar soluciones. Se llegó a proponer que la energía no tenía que conservarse, pero posteriormente, Pauli propuso que en la desintegración era emitida además, una partícula neutra (recordemos que la carga sí se conservaba) aunque dicha partícula no se hubiese detectado aún. No fue hasta los años 50 cuando por fin, se produjo su descubrimiento.

En la entrada Neutrino history, what’s NEXT? – ¿Neutrinos? están explicados con más detalles estos conceptos.

En la mayoría de los casos, el núcleo que tenemos tras la desintegración queda en un estado excitado, que no es el estado en que quizás algunos estáis pensando, sino un estado energético que no es el más bajo posible. En esos casos lo que ocurre es que, a continuación, tiene lugar una desintegración gamma que deja al núcleo en un estado de menor energía. Si este estado es el de menor energía posible hablaríamos entonces de estado fundamental.

Si no hay desintegración gamma posterior, al núcleo se le llama emisor beta puro.

Desintegración Gamma

gamma

Los núcleos pueden presentar distintos estados cuánticos con valores de energía discretos. Cuando el núcleo se encuentra en un nivel de energía excitado, como acabamos de contar, puede pasar a un nivel de menor energía emitiendo fotones de una cierta frecuencia. A esta radiación se la llama radiación gamma. Es decir, el núcleo no cambia su composición sino que los nucleones que lo forman experimentan una transición entre dos niveles energéticos, algo parecido a las desexcitaciones de electrones en átomos.

Y, ¿por qué estaría un núcleo en un estado excitado? Pues, por ejemplo, porque sea un núcleo resultante de una desintegración alfa o beta o de una reacción nuclear.

La radiación gamma es, por tanto, una radiación de naturaleza electromagnética de alta frecuencia, alta energía y muy penetrante, bastante más que las radiaciones alfa y beta, como vemos en la siguiente imagen:

penetracion

Los fotones de las desintegraciones nucleares tienen energías del orden de 10^6 veces la de los fotones del espectro visible emitidos por átomos excitados. Es, por tanto, una radiación ionizante.

Los núcleos también pueden desexcitarse por otros procesos, aunque son menos probables. Uno de ellos es la conversión interna. En este caso el exceso de energía se cede a un electrón de la corteza atómica, que sale “disparado” del átomo.

Como mencionamos al principio, existen más tipos de desintegraciones nucleares. Una de ellas es la fisión espontánea. Este tipo de desintegración tiene lugar en núcleos con número másico elevado debido a las fuerzas de repulsión eléctricas, suele ocurrir en elementos con número atómico superior al del Uranio (transuránidos) y es uno de los motivos por los que no pueden existir núcleos estables con un número másico muy grande.

Esta entrada está llegando a su fin y aún no hemos visto ninguna ecuación. Vamos a poner remedio a esto, inmediatamente, con la fórmula matemática para la desintegración radiactiva.

Supongamos que tenemos N átomos de una sustancia radiactiva y queremos saber cómo varía, con el tiempo, su número. Pues resulta que el número de núcleos que se desintegran por unidad de tiempo es proporcional al número de núcleos que tenemos. Luego podemos escribir la siguiente ecuación:

desintegracionradiactiva

donde λ es la constante de desintegración que es una característica de cada isótopo y no depende de condiciones externas. Resolviendo obtenemos la expresión que aparece en la parte inferior de la imagen, la llamada ley de desintegración radiactiva. Como vemos, el comportamiento es exponencial.

Se definen también magnitudes como el periodo de semidesintegración (tiempo en el que el número de núcleos se ha reducido a la mitad) o la vida media (tiempo en el que el número de núcleos se ha reducido en un factor e o valor medio del tiempo que tarda un conjunto de núcleos en desintegrarse).

Vamos a dejarlo aquí, por ahora, pero la historia continuará.

¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

 

 

 

El núcleo atómico y sus modelos

Hace unos días pasaba junto a una fuente de agua, tan necesaria para refrescar el ambiente en esta época, y me quedé pensando en su contenido. La materia que veía estaba formada por moléculas y éstas formadas por átomos que, a su vez, estaban formados por protones, neutrones y electrones. Y los dos primeros formados, a su vez, por quarks. Los electrones son partículas elementales por lo que no pueden dividirse en constituyentes. Al menos, de momento.

Agua

Agua

 

Molécula de Agua

En principio, podemos considerar que nuestro mundo está formado por protones, neutrones, electrones, fotones y neutrinos. Otras partículas más exóticas se van creando y aniquilando continuamente. Porque una de las propiedades más sorprendentes, al menos, para mí, de las partículas elementales es su tendencia a desintegrarse.

Hasta los años 30, cuando Chadwick descubrió el neutrón, los físicos pensaban que el universo estaba constituido por dos partículas: el protón y el electrón. Añadir una tercera suponía un retroceso en simplicidad. Y eso es algo que no gusta a los científicos. Pero el descubrimiento del neutrón era solo el principio. Posteriormente se descubrieron muchas más partículas. La siguiente se encontró en los rayos cósmicos, aunque ya había sido predicha por Maurice Dirac. Y fue el positrón. Pero esto es otra historia.

Para saber más sobre partículas elementales consultar el minicurso Partículas Elementales de Cuentos Cuánticos. Y ahora volvamos a los átomos de materia.

Resulta que, prácticamente, la totalidad de la masa de un átomo está en su núcleo. Tratemos sobre él.

A la vista de esta imagen podría no parecerlo pero el núcleo atómico es un sistema muy complejo. De hecho, un sistema cuántico complejo. Está formado por protones y neutrones. O, lo que es lo mismo, nucleones. Los protones tienen carga eléctrica positiva y los neutrones son neutros. Los nucleones tienen todos la misma masa y ésta es, aproximadamente, igual a 1840 veces la masa del electrón. Permanecen juntos en el núcleo gracias a una fuerza de corto alcance que no depende de la carga: la fuerza nuclear.

La fuerza nuclear es fuerte. Tan fuerte que gana en intensidad a la fuerza eléctrica. A pesar de la repulsión culombiana que existe entre los protones al tener todos carga eléctrica positiva, los núcleos pueden ser estables. Como hemos dicho antes, la fuerza nuclear no depende de la carga, pero sí de una propiedad intrínseca de las partículas llamada espín. Es de corto alcance, no se aprecia fuera del núcleo. Y se satura, lo que tiene como consecuencia que la densidad nuclear sea casi constante en todos los elementos de la tabla periódica.

Cada nucleón solo puede interaccionar con un número máximo de nucleones, independientemente del núcleo que sea y del tamaño que tenga. Y aunque estemos acostumbrados a ver  imágenes de núcleos esféricos, la fuerza nuclear no es una fuerza central. Es cierto que la desviación de la esfericidad en la forma del núcleo no es muy grande. El caso más extremo es el de los núcleos lantánidos que tienen forma de esferoide prolato. Con otras palabras, forma de balón de rugby. Además, la fuerza nuclear puede ser atractiva o repulsiva. A distancias del orden de 1 fm es atractiva, pero a distancias del orden de 0,5 fm es repulsiva.

El núcleo puede encontrarse en distintos estados con distintas energías. Todos los estados nucleares, tienen un momento angular J. Es un vector cuantizado, cuyo módulo es J=\sqrt{J(J+1)}\hbar donde J es el espín del núcleo. Este es un número cuántico que se conserva en todos los procesos nucleares. Por otra parte, existe una propiedad llamada paridad. Se representa por P. Las partículas y núcleos tienen paridad intrínseca. Por convenio, se toma la paridad del protón y del nucleón como +1. En un núcleo puede tomar los valores +1 ó -1. El valor viene dado por la expresión (-1)^l donde l es el número cuántico del momento angular orbital. Todo esto lo contamos porque  los núcleos tienen una propiedad que se llama espín-paridad, J^P, bien definida. Después veremos un ejemplo de cómo calcularla.

Por ahora, no es posible estudiar la estructura nuclear exactamente. El motivo es muy simple, no conocemos la expresión del potencial.

Si consideramos el núcleo como un sistema cuántico de A nucleones que interaccionan entre sí a través de un potencial nucleón-nucleón, tendríamos que resolver una ecuación como ésta:

\hat{H}\Psi = E\Psi

donde \hat{H} es el hamiltoniano del sistema, que tendríamos que construir a partir de la suma de las energías cinéticas de los A nucleones y de sus potenciales de interacción. Pero, como hemos dicho, no conocemos la forma de dichos potenciales. Esto suena a “tenemos un problema”.

Teniendo en cuenta las características que hemos mencionado, podríamos dibujar una gráfica para el potencial parecida a la siguiente:

400px-Potential

Potencial fenomenológico

Esta gráfica la hemos tomado de Nuclear Force de Ruprecht Machleidt (2014), Scholarpedia, 9(1):30710.

Pero hemos dicho que la fuerza nuclear no es central, así que necesitamos, además, términos tensoriales. Y términos que nos den la dependencia con el espín y con un cierto número cuántico llamado isospin, del que también se sabe que depende la interacción. En total, nos sale un potencial con 12 ó más términos. Y las ecuaciones no pueden resolverse exactamente, sólo numéricamente, y para átomos de hasta un cierto número de nucleones.

Una expresión para el potencial fenomenológico sería:

\begin{array}{lcll}    V & = & V_C + \vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 \, W_C & \mathbf{central} \\    & + & \left[ V_S + \vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 W_S \right] \vec{\sigma}_1 \cdot \vec{\sigma}_2 & \mathbf{spin-spin} \\    & + & \left[ V_{LS} + \vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 W_{LS} \right] \vec{L} \cdot \vec{S} & \mathbf{spin-orbit} \\    & + & \left[ V_T +\vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 W_T \right] S_{12}(\hat{r}) & \mathbf{tensor} \\    & + & \left[ V_{\sigma L} + \vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 W_{\sigma L} \right] Q_{12} & \mathbf{\sigma -L} \\    & + & \left[ V_{\sigma p} + \vec{\tau}_1 \cdot \vec{\tau}_2 W_{\sigma p} \right] \vec{\sigma}_1 \cdot \vec{p} \, \vec{\sigma}_2 \cdot \vec{p} & \mathbf{\sigma -p}    \end{array}

donde

S_{12}(\hat{r}) = 3\vec{\sigma}_1 \cdot \hat{r} \vec{\sigma}_2 \cdot \hat{r} - \vec{\sigma}_1 \cdot \vec{\sigma}_2

y

Q_{12} = \frac{1}{2} \left[\vec{\sigma}_1 \cdot \vec{L} \, \vec{\sigma}_2 \cdot \vec{L} + \vec{\sigma}_2 \cdot \vec{L} \, \vec{\sigma}_1 \cdot \vec{L} \right]

siendo \vec{r}=\vec{r}_1-\vec{r}_2 el vector de posición relativo, \hat{r} un vector unitario en la dirección de \vec{r}, \vec{p}=\frac{1}{2}\left(\vec{p}_1-\vec{p}_2\right) la cantidad de movimiento relativa, \vec{L}=\vec{L}_1+\vec{L}_2 el momento angular orbital total y \vec{S}= \frac{1}{2} \left(\vec{\sigma}_1+\vec{\sigma}_2\right) el espín total.

Como un núcleo real es una estructura tan compleja, necesitamos idealizaciones (modelos) que hagan el problema más accesible matemáticamente hablando, pero que nos proporcione resultados con significado físico y que se aproximen a los resultados experimentales.

Si no cumple estas condiciones, nuestra idealización no sirve como modelo.

Veamos algunos modelos simples utilizados.

MODELO DE LA GOTA LIQUIDA

Fue elaborado por primera vez en detalle por Niels Bohr en 1936. Es el modelo más simple y describe el  núcleo como una colección fuertemente empaquetada de partículas muy parecidas a una gota de líquido, donde las partículas apenas tienen espacio entre ellas y donde la densidad es virtualmente igual en todas partes y existe una aguda superficie fronteriza. Es decir, el modelo supone que el núcleo tiene un comportamiento similar al de una gota de líquido incompresible. Los nucleones en el núcleo jugarían el mismo papel que las moléculas de la gota. Funciona con propiedades como el tamaño nuclear y predice la estabilidad de los núcleos.

Existen otros modelos como el modelo del gas de Fermi, el modelo vibracional, el modelo rotacional o el modelo unificado. Pero otro modelo bastante utilizado del núcleo es el modelo de capas. Tratemos sobre él.

MODELO DE CAPAS

Es un caso particular de otro modelo, el llamado modelo de partícula independiente, cuya hipótesis básica es que todos los nucleones, excepto uno, están apareados y las propiedades nucleares vienen determinadas por el nucleón desapareado. Es decir, describe a los nucleones en interior del núcleo, al igual que los electrones que lo rodean, ocupando capas y subcapas, cada una de ellas afectando a las demás sólo levemente.

Por analogía con la situación en las capas electrónicas del átomo se supone que los núcleos con capas exteriores nucleónicas llenas deberían ser más estables que los que no tienen ocupadas las capas exteriores. La teoría más sencilla se indicaba que los núcleos con 2, 8, 20, 40, 70 o 112 protones o neutrones serían estables. Sin embargo, ello no encajaba con la observación. La física Maria Goeppert Mayer tuvo en cuenta el espín de protones y neutrones y encontró que los núcleos con 2, 8, 20, 28, 50, 82 o 126 protones o neutrones serían particularmente estables. Los núcleos con 28 o 40 protones serían aún mucho más estables. Esto sí concordaba con las observaciones experimentales. Los átomos con una diferencia en el número de nucleones de tan solo uno, ya no son tan estables. De ahí que a estos números se les llame mágicos.

El trabajo de Maria fue muy importante. Recibió el Nobel de Física en 1963 y en su discurso habló sobre el modelo de capas.

Podéis leer más sobre esta científica en la entrada Maria Goeppert Mayer: La belleza de Göttingen de Laura Morrón.

Los núcleos como el helio 4, el oxígeno 16 y el calcio 40 son doblemente mágicos. Todos especialmente estables y más abundantes en el universo que otros núcleos de tamaño similar.

En el modelo de capas se describen las propiedades nucleares a partir de la interacción de un nucleón con un potencial efectivo. Es decir, no consideramos las interacciones nucleón-nucleón, sino la interacción de un solo nucleón con un potencial generado por el resto de nucleones.

Con un modelo tan simple, ¿se puede aproximar el núcleo atómico? La respuesta es sí. Para casi todos los núcleos con A impar en estado fundamental (estado de energía más bajo) el modelo proporciona resultados que concuerdan con los valores experimentales para propiedades como, por ejemplo, el espín, y resultados aproximados para otras propiedades como el momento dipolar magnético y el momento cuadrupolar eléctrico. Además, se puede emplear para calcular la probabilidad de transición entre distintos estados del núcleo.

Hemos dicho que se considera la interacción de un sólo nucleón con un potencial medio que representa la ligadura nuclear. O sea, que tenemos que resolver:

\hat{H}\Psi = E\Psi

con  \hat{H} = -\frac{\hbar^2}{2\mu}+V

donde V es un potencial que no sabemos que expresión tiene. Entonces ¿qué hacemos? Pues vamos a probar con potenciales que tengan solución conocida de la ecuación de Schrödinger y comparar los resultados con lo que sale experimentalmente.

El más simple con solución conocida es el pozo esférico infinito:

V(r) = \left\{ \begin{array}{ll}    -V_{0} & 0\leq r\leq R \\    \infty & r \geq R \end{array}\right.

Pero con este potencial se reproducen los resultados experimentales de tan sólo los átomos con números mágicos 2, 8 y 20. Para el resto no hay concordancia entre valores teóricos y experimentales.

Podríamos intentarlo con el oscilador armónico:

V(r) = \frac{1}{2}\mu\omega^2

Con este potencial se reproducen resultados para los átomos con los mismos números mágicos que en el caso anterior. Sería un potencial más acorde a la realidad, ya que no presenta la subida brusca del pozo infinito, pero sigue teniendo alguno de sus inconvenientes. Por ejemplo, con ambos potenciales la energía de separación del protón o del neutrón es infinita. Es decir, no sería posible romper un núcleo. Y sabemos que sí lo es.

Por otra parte, al hamiltoniano del sistema hay que añadirle un término de interacción espín-órbita. ¿Y esto qué es? Pues es un término que depende de los valores del espín y, a la vez, de los valores del momento angular de las partículas. Y hay que incluirlo porque, como hemos dicho, la fuerza nuclear y, por tanto, la interacción nucleón-nucleón depende del espín. Y si depende tiene que aparecer en la fórmula.

Hay un potencial, llamado de Saxon- Woods, al que le podemos añadir el  término de interacción espín-órbita, con el que obtenemos una solución para la ecuación de Schrödinger con unos niveles de energía que cuadran con todos los números mágicos. El potencial de Saxon-Woods puede escribirse como:

V(r)=- \frac{V_0}{1+e^{(r-R)/t}}

donde V_0 y t son parámetros y R=R_0A^{1/3} es el radio nuclear, con A el número másico.

El esquema de niveles de energía que se obtiene es el siguiente:

esquemaniveles

En cada capa caben 2j+1 nucleones. Y se puede observar cómo en la distribución de niveles aparecen distanciadas las capas completas que reproducen los números mágicos. Bueno, la verdad es que en algunos casos hay que imaginar un poquito.

Y con esto, se pueden predecir los valores del espín-paridad del estado fundamental de los núcleos con A impar. El espín del núcleo J será el de la capa en que se encuentra el nucleón aislado. Y la paridad P quedará definida por el momento orbital de dicha capa.

Veamos un ejemplo.

Supongamos que tenemos un átomo de ^{41}_{20}Ca. Como el número de protones es par, no hay ningún protón desapareado. Pero A es igual a 41, luego el número de neutrones es 21 y tenemos un neutrón desapareado. El desapareado será el último neutrón, el 21. Vamos rellenando capas usando la gráfica anterior. Vemos que el último neutrón queda en el nivel 1f_{\frac{7}{2}} . Y que la paridad (-1)^l es, por tanto, -1. Por tanto, J^P=\frac{7}{2}^-

Se aplica la misma técnica para los núcleos con un hueco, es decir, con la capa completa excepto por un nucleón.

Este modelo no es capaz de explicar ni predecir, por ejemplo, los estados excitados.

Pero hay muchos más modelos, como podemos leer en Nuclear Force de Ruprecht Machleidt .

Aún así, queda mucho camino por recorrer.

¡Hasta pronto!

BIBLIOGRAFÍA

Kenneth S. Krane. INTRODUCTORY NUCLEAR PHYSICS. Wiley

Antonio Ferrer, María Shaw, Amalia Williart. FISICA NUCLEAR. UNED

Isaac Asimov. NUEVA GUÍA DE LA CIENCIA. RBA Editores.

Newton, eres grande en lo pequeño

La gravedad es la fuerza arquetípica de la que todos tenemos una constancia directa.  Es normal que fuera la primera interacción de la que dispusimos una formulación matemática formal. Como es bien conocido la ley matemática de la gravitación vino de la mano del amigo Newton.  En la actualidad tenemos una teoría más general para la gravedad, Albert Einstein nos proporcionó una nueva forma de entender la gravedad como la consecuencia de la cambiante geometría del espaciotiempo. En esta teoría el espaciotiempo es una entidad dinámica que interactúa con el resto de campos físicos.  Hay que decir que la relatividad general, la teoría gravitatoria de Einstein, no invalida a la gravedad de Newton sino que la contextualiza. En la relatividad general recuperamos la gravedad Newtoniana para campos gravitatorios débiles y velocidades pequeñas de los cuerpos gravitantes.  Así que esto no es una competición de la relatividad general está bien y por tanto la gravedad de Newton está mal.

En ciencia lo único que puede decir que una teoría no es válida es el experimento.  Las teorías tienen que predecir valores de los observables físicos y el experimento tiene que ser capaz de decir si los valores “reales” observados de esas magnitudes coincide con lo predicho por las teorías o no.

Por tanto, en ciencia hay una lucha eterna entre teorías y experimentos. Los experimentos nos dan los valores de las magnitudes físicas medidas y estos resultados se comparan con los valores predichos para dichas magnitudes por los modelos físicos. Así pues, confiamos en una teoría hasta que llega un experimento que esta no puede explicar.

Pues bien, de forma sorprendente (al menos a mí siempre me ha parecido sorprendente), la interacción gravitatoria no es la mejor conocida experimentalmente.  En la actualidad podemos decir que sabemos que la teoría de la relatividad general y su límite Newtoniano funcionan en un rango de distancias desde el mm hasta algo más allá del sistema solar.  Si bien es cierto que cada vez tenemos mejor control a grandes escalas, verificar y experimentar con el campo gravitatorio en escalas por debajo del milímetro es ciertamente complicado.

Pero parece que se ha hecho algún avance importante en este sentido como dicen en el artículo:

Gravity resonance spectroscopy constrains dark energy and dark matter scenarios

Vamos a ver de qué va esto.

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Me resuenas de algo

Una de las cosas que más me impresionan de la ciencia en general y de la física en particular es que no hay muchas ideas que manejar para describir multitud de fenómenos físicos.

Con un puñado de ideas claras hemos sido capaces de construir toda clase de teorías para describir el universo que nos rodea.  Hemos de distinguir entre las teorías que formulamos, que cada una tiene sus peculiaridades y sus detalles técnicos, de los fenómenos que describen. Al final, muchos fenómenos de origenes y procederes diversos tienen un denominador común y su descripción, con sus formulitas distintas viniendo de distintas teorías, se fundamenta en la misma idea y concepto.

En esta entrada vamos a hablar de unos de estos conceptos que permean la física y que aparece aquí y allí en campos que, en un principio, tienen poco que ver. Dicho concepto es el de resonancia.

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¡Núcleo, eres la pera!

Esta semana nos hemos topado con la noticia de que en ISOLDE, del CERN, han visto por primera vez un núcleo con forma de pera.

Esto ha sido publicado en Nature en el siguiente artículo:

Studies of pear-shaped nuclei using accelerated radioactive beams

¿Por qué es esto noticia? ¿Qué nos dice esto de verdad?

Vamos a intentar adquirir una idea cercana de lo que esto significa y su importancia.

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