En noviembre de 1922 se anunció que el Premio Nobel de Física correspondiente al año 1921 sería otorgado a Albert Einstein por sus aportaciones a la Física Teórica, en especial por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico.
Tras revolucionar la física durante los primeros compases del siglo XX, parecía evidente que Einstein sería galardonado un día con el Premio Nobel. Sin embargo resulta chocante que este reconocimiento tardara tanto tiempo en llegar y que además le fuera otorgado especialmente por su descubrimiento del efecto fotoeléctrico.
Para explicar este efecto, Einstein postuló que la luz se transporta en diminutos paquetes, aportando así una semilla que contribuiría al desarrollo de la física cuántica. La introducción de este revolucionario concepto supone de por sí suficiente mérito para recibir el prestigioso premio, aunque parece extraño que el Comité Nobel no aprovechara la ocasión para reconocer el mayor de sus aportes: introducir un cambio radical en la forma que tenemos de concebir el espacio, el tiempo y la energía. ¿Por qué se llegó a esta situación?

Generalmente se acepta que Max Planck es el padre de la cuántica. Sin embargo, resulta ser menos conocido que en realidad el estudio que dio lugar a la revolución cuántica tiene su raíz en el estudio de la entropía de un determinado sistema, el cuerpo negro.

Gracias a la Real Sociedad Española de Física hemos caído en la cuenta de que hoy es el aniversario de la muerte de Albert Einstein. Por lo tanto le quiero dedicar una entrada. Esta no pretende ser exhaustiva ni pormenorizada, lo que pretendo es dar mi punto de vista, absolutamente personal, de los trabajos de este hombre.
Hoy he desmontado un lector de CD para arreglarlo y lo he vuelto a montar, por supuesto no funciona (por estas cosas es por las que me gusta la teoría). Así que para resarcirme vamos a dedicarles unas entradas a nuestro amigo el láser.

