El Relativismo Sui Generis de Horton


Os presento a Horton

En la década de los hippies, el señor Robin Horton, antropólogo inglés, se enfrentó a la corriente dominante por aquella época, el relativismo cognitivo. Propugnó que todos los criterios de racionalidad que constituyen la base de funcionamiento del sentido común se hallan predeterminados en la constitución biológica de la especie humana, por lo que deberían ser los mismos para todos los grupos y sociedades.

Por aquellas, esta idea parecía bastante especulativa, sobre todo por la masiva avalancha de datos sociológicos que operaban en su contra. Tres décadas más tarde, sin embargo, la situación estaba siendo invertida debido a los esfuerzos de la psicología y otras ciencias cognitivas para respaldar las tesis innatistas. Básicamente lo que Horton pretende es utilizar su concepción determinista del sentido común para erradicar el relativismo cultural de la escena antropológica. Se basó no en el pensamiento primitivo en general, sino en las tribus africanas en particular.

Horton sostiene la idea de que el valor cognitivo de las creencias mágico-religiosas tradicionales africanas, puede ser evaluado con absoluta neutralidad, utilizando los mismos criterios que rigen la elección de teorías en el ámbito de la ciencia occidental. Su idea fundamental es que el pensamiento mágico-religioso tradicional africano, viene a ser una manifestación de pensamiento teórico sustancialmente equivalente al pensamiento científico, cuyo cometido natural residiría en la explicación, predicción y control de aquellos fenómenos que el pensamiento ordinario no consigue dominar.

El mecanismo explicativo consistiría, en ambos casos, en postular la existencia de un puñado de entidades y procesos subyacentes a la experiencia con el que se intenta dotar de orden y regularidad a esos fenómenos. Pero el pensamiento teórico no cuenta, según su entender, con unos recursos cognitivos propios e independientes de los que ya tenía disponibles el pensamiento de sentido común, por lo que, para ser aceptadas, sus propuestas respectivas tienen que mostrar que son adecuadas a las exigencias lógicas y empíricas ordinarias, que, al ser universales, servirían para garantizar la neutralidad de su valoración.

La Filosofía de la Ciencia como Inspiración de la Teoría Antropológica

Como Ernst Mach, George Orwell, o los positivistas lógicos, Horton piensa que la ciencia se caracteriza por sus métodos y no por sus contenidos. Aunque la ciencia sea una institución que ofrece ciertos productos, entre ellos las teorías, que son socialmente valiosos porque intervienen en la obtención de adelantos tecnológicos, lo realmente esencial de la ciencia es su método crítico y experimental.

Cuando estudia el pensamiento tradicional africano, por lo tanto, busca las semejanzas y las diferencias con la ciencia, no en los contenidos sino en los aspectos metodológicos. Lo cual le lleva a buscar un marco conceptual fuera de la antropología,  y lo encuentra en la filosofía de la ciencia.

El papel principal de las cosmologías africanas es, según Horton, el mismo que el de la ciencia: explicar. Y explicar consiste en encontrar unidad, simplicidad, orden y regularidad bajo la diversidad, complejidad, desorden y anomalías aparentes de los fenómenos. La objeción evidente de que tales cosmologías contienen multitud de entidades personales caprichosas la responde señalando que esas multitudes suelen agruparse en muy pocas clases y que, lejos de ser caprichosos, los dioses, héroes, antepasados, etc., tienen funciones específicas que cumplen de manera más o menos predecible.

Una vez que a esas entidades se les reconoce su papel explicativo, se pueden disipar algunas de las perplejidades que venía a intentar solucionar la ley de participación de Lévy-Bruhl, que recordemos que venía a decir que en las representaciones colectivas de la mentalidad primitiva, los objetos, los seres, o los fenómenos pueden ser, de una manera incomprensible para nosotros, a la vez ellos mismos y otra cosa que ellos mismos. En el hombre moderno, la participación no tiene un papel tan decisivo como en el hombre primitivo, porque el hombre moderno distingue más adecuadamente los planos de referencia a través de los cuales se mueve edificando así su mundo propio, que es primero pensado, definido y calculado, para posteriormente ser proyectado y plasmado en la realidad.

¿Cómo es posible que algo sea a la vez un espíritu y un objeto natural? Horton considera el papel de las entidades teóricas en las explicaciones científicas y encuentra que, respecto de ellas se puede plantear, como de hecho se ha planteado, la misma perplejidad: ¿Cómo es posible que una mesa sea a la vez un conglomerado de inobservables? Algunos filósofos empiristas se han pronunciado por la realidad de los observables, asignando el papel de ficciones útiles o de convenciones o de meros compendios a las entidades teóricas, mientras que otros han sostenido la realidad de las entidades teóricas, o de las cualidades primarias, y han declarado “aparente” el mundo de lo que empíricamente aparece. Horton, acude a la que en su época considera la resolución más actual del problema: las reglas de correspondencia entre términos teóricos y observacionales ideadas por el positivismo lógico.

Recordemos que los positivistas lógicos, o empiristas,  quieren basar la producción del conocimiento en observación. La investigación científica siempre tiene que comenzar con la observación parcial o experiencia personal. La observación en general, así como los propios objetivos y experimentos de dicha observación, han de ser seleccionados en base a elecciones subjetivas, es decir, intervienen  juicios de valor. Una vez establecida la base de la observación han de ser registradas y descritas sistemáticamente en forma cualitativa y cuantitativa, en base a esquemas de clasificación, representaciones gráficas y algebraicas para que, a través de métodos generalizados primordialmente inductivos, llegar a generalizaciones adecuadas. A continuación, se podrían realizar los análisis y las deducciones pertinentes. Una vez finalizada esta fase, se pasaría a la interpretación y construcción del modelo, donde se establece la total coordinación entre los factores teóricos y experimentales mediante reglas de correspondencia o el establecimiento de hipótesis.  Los empiristas basan por tanto su doctrina sobre la estructura lógica del conocimiento científico.

El sentido común y la teoría científica

La explicación científica proporciona conexiones causales que no son evidentes desde el punto de vista del sentido común. Y lo mismo que la teoría científica proporciona explicaciones causales que la limitación a los conceptos del sentido común no permitiría. El pensamiento religioso tradicional africano sitúa los acontecimientos en una red causal más amplia que el sentido común. Horton defiende esto y defiende la eficacia de este tipo de teorización religiosa, sobre todo en el terreno de la explicación de la enfermedad, que es el asunto donde es más común la búsqueda de causas místicas. Estas causas relacionan la enfermedad con perturbaciones sociales del entorno del paciente, y Horton da cuenta del éxito de los diagnósticos y de los tratamientos logrados por los curanderos tradicionales como un resultado de factores tales como la componente psicosomática de las enfermedades.

Una vez adoptada una cosmología llena de entidades y fuerzas personales, su lenguaje se impone en la descripción y explicación y, de este modo, las causas de las enfermedades son vistas como el producto de las intenciones de agentes que retribuyen a quienes han afectado el orden social. El salto a las explicaciones místicas se producen cuando el sentido común no puede hacerse cargo de la situación, igual, dice Horton, que en el mundo occidental el recurso a la ciencia se ofrece cuando se necesita situar los acontecimientos en un contexto causal más amplio, que proporciona la teoría, pero no el sentido común.

Las diferencias entre el pensamiento tradicional africano y la ciencia las considera Horton en dos partes: de un lado las que tienen que ver con la falta de alternativas intelectuales y de otro las que tienen que ver con la ansiedad.

Cuando no hay alternativas intelectuales, renunciar a un matiz del sistema significa renunciar al sistema entero, ya que cuando no existen alternativas, el holismo suele ser una característica intrínseca del único sistema existente. Además, si no hay alternativas, no tiene sentido preguntar a un sujeto perteneciente a una de estas culturas cuáles son sus ideas “en general”, porque las ideas están conectadas a las ocasiones en que se emplean.

Cuando las prácticas y creencias religiosas son únicas, se produce una sacralización de las mismas, y su cuestionamiento produce una gran ansiedad. Sería mucho más llevadero si ese ataque se produce en un contexto donde existen alternativas. Los pensadores tradicionales muestran una clara tendencia a buscar explicaciones ad hoc de los fallos de la teoría: un tratamiento médico puede fallar por intervención contraria de un hechicero, o por incompetencia del curandero, pero nunca porque el sistema intelectual sea erróneo. No se registran los fracasos, y, aunque en la ciencia también se practiquen los remiendos ad hoc de las teorías o de las circunstancias que concurren en la contrastación de una teoría, el científico tiene conciencia de que las teorías son productos históricos que muchas veces acaban por ser abandonados y las teorías vigentes tienen alternativas concebibles. Esto evita ver el abandono de una teoría como un temido “salto en el caos”. El pensamiento tradicional no busca repetir las circunstancias en que se originó un acontecimiento y ver qué modificaciones afectan o no al resultado, etc. Sobre todo, el pensamiento tradicional no declara nunca su impotencia o su ignorancia ante ningún suceso. Para este pensamiento no existe el azar ni la falta de completitud, y esto cae también bajo el encabezamiento de las diferencias debidas a la ansiedad que provocaría el fracaso del sistema de creencias.

Concluyendo que es gerundio

Horton realizó una formulación completa y sistemática de su tesis de la equivalencia entre el pensamiento mágico-religioso tradicional y el pensamiento científico, bajo el supuesto de la presencia universal de dos niveles de pensamiento y discurso, uno básico y primario, al que denominaba sentido común, y otro especulativo y secundario, al que denominaba teoría. El primer nivel de pensamiento constituiría el verdadero núcleo duro de racionalidad, ampliamente compartido por todos los seres humanos, y que serviría para situar las cosas en un contexto causal adecuado para su explicación, predicción y control. Sin embargo, según Horton, hay circunstancias  en las que el sentido común no consigue dar cuenta de ciertos fenómenos enigmáticos, y por tanto no es de esperar que pueden ser predecidos ni controlados. En estos casos es cuando se produce el salto al pensamiento del segundo nivel, con el que se busca trascender las limitaciones del pensamiento causal ordinario mediante la formulación de teorías explicativas que ayuden a situar las cosas  en un contexto causal  más amplio que el facilitado por el sentido común.

Las teorías se formulan mediante analogías que parecen adecuadas para conseguir los fines explicativos, por lo que sus componentes se extraen de la experiencia de acontecimientos regulados y ordenados; este contexto en los pueblos africanos lo constituye la esfera social, mientras que la experiencia relacionada con los objetos inanimados se percibe como bastante impredecible. En occidente en cambio, la esfera social es considerada inestable e impredecible, mientras que el mundo inanimado nos parece mucho más regular. Y esto, según Horton, provoca que los patrones de regularidad elegidos para la formación analógica de los modelos teóricos procedan de la esfera social en los contextos tradicionales y de la esfera de lo inanimado en occidente.

Aún cuando el sentido común y el pensamiento teórico desempeñen funciones complementarias, la base de todos nuestros procesos cognitivos y el fundamento de todos nuestros criterios de racionalidad se encuentran, según Horton, profunda y universalmente enraizados en el primero de ellos. Y ya que el pensamiento teórico no cuenta con recursos propios e independientes, no existe ninguna posibilidad de que las teorías explicativas puedan ser aceptadas si no se ajustan a los criterios de la racionalidad ordinaria, que al ser universales garantizarían la neutralidad evaluativa  de cualquiera de sus manifestaciones.

Horton admite que existen diferencias entre ambos tipos de teorías, pero siempre las ha considerado de grado. En la medida en que mantenía la idea de la existencia de dos niveles de apreciación de la realidad, de los cuales uno se relaciona directamente con la experiencia ordinaria y constituye un núcleo de racionalidad ampliamente compartido, no estaba sino defendiendo una postura que ya se había hecho tradicional dentro de la antropología más ortodoxa de la época, el relativismo; pero en tanto que consideraba que las creencias mágico-religiosas persiguen la explicación, predicción y control de los fenómenos de una manera semejante a la de la ciencia occidental, Horton estaba rompiendo con el relativismo para volver a las tesis del intelectualismo victoriano, que por aquellas se creían superadas.

P.D. Esta entrada ha sido escrita por Filotecnóloga y se puede encontrar también en su blog:  Internauta Sin Pauta.  Esperamos que os haya interesado y esperamos vuestros comentarios.

Nos seguimos leyendo…

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3 Respuestas a “El Relativismo Sui Generis de Horton

  1. En principio la respuesta es que sí, son maneras diferentes de enfrentarse al entorno y adquirir conocimiento.
    El tema de que la explicación que ofrecen ambos tienen la misma validez, pues depende del punto de vista que tomes. Si se trata de tener tranquilidad cognoscitiva, es decir, tienes que tener respuesta a todo y de todo…ambos son iguales. Si se trata de validez pragmática, pues obviamente no, ya que la magia y la religión no es que funcionen muy bien para según que cosas.
    La diferencia fundamental entre ambos tipos de pensamiento, en mi opinión, ya que puedes recorrer todas las entradas y verás los diferentes enfoques de los diferentes autores, es que el pensamiento científico se basa en hechos, y se refuta con hechos. Una teoría científica puede comprobarse, un dogma religioso no.

  2. Hola!
    Entonces tanto el pensamiento mágico-religioso como el pensamiento científico surgen de la presencia universal e inherente del sentido común para explicar la realidad. ¿Puede decirse entonces que ambos son igual de válidos en cuanto a que generan una explicación? ¿Dónde se sitúa su evidente diferencia?
    Gracias!

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