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La Obervación depende del Observador. Parte II

En la Primera Parte de esta entrada relacionada con la carga teórica que presenta la observación, vimos como Hanson decía que lo que el observador interpretaba era fruto de un vagaje teórico que llevaba consigo. Y que no sólo se trata de sustrato teórico sino en cierta medida de creencias y prejuicios que pueden hacer que el mismo hecho observado genere conclusiones diferentes en observadores diferentes. Sigamos avanzando.

Significancia, relevancia

Ambas nociones, significancia y relevancia, dependen de lo que ya conocemos. Los objetos, los sucesos y las imágenes no son intrínsecamente significantes o relevantes. Si la visión fuera solamente un proceso óptico-químico, nada de lo que viéramos sería relevante para lo que conociéramos y nada de lo conocido podría tener significación para lo que vemos.

La vida visual sería ininteligible; a la vida intelectual le faltaría un aspecto visual. El hombre sería una computadora ciega acoplada a una placa fotográfica sin cerebro. Las imágenes, a veces, copian originales, el lenguaje puede copiar lo que describe. Pero nada hay en la palabra oso que evoque la forma del oso; nada hay en el sonido de la palabra oso que parezca un gruñido. El que o-s-o haga referencia a un oso es debido a una convención que coordina la palabra con el objeto. No hay nada peligroso en una bandera roja, y, sin embargo, es una señal con la que se expresa peligro.

Las oraciones gramaticales no muestran, por ejemplo, a los osos subiéndose a los árboles, pero con ellas se puede enunciar que los osos se suben a los árboles. Cuando se ignoran el lenguaje y las notaciones en los estudios de observación, se considera que la física descansa sobre la pura sensación y los experimentos de bajo nivel. Se la describe como una concatenación repetitiva y monótona de sensaciones espectaculares y de experimentos de laboratorio escolar.

Pero la física no es solamente una sistemática exposición de los sentidos al mundo; también es una manera de pensar acerca del mundo, una manera de formar concepciones. El paradigma de observador no es el hombre que ve y comunica lo que todos los observadores normales ven y comunican, sino el hombre que ve en objetos familiares lo que nadie ha visto anteriormente.

La carga teórica según Hanson

En opinión de Hanson, uno de los principales defectos de la interpretación que la Concepción Heredada propone de las teorías es que limita su atención al producto acabado del teorizar científico, sin prestar atención alguna al procedimiento racional por el cual leyes, hipótesis y teorías se proponen por primera vez a título provisional.

Hanson  investiga esta forma de proceder del descubrimiento; a la vez propone un análisis de las teorías en donde «las teorías físicas proporcionan una serie de patrones dentro de los cuales los datos resultan inteligibles y, en consecuencia, le permiten a uno explicar los fenómenos que caen bajo ellas.

Estas teorías no se descubren generalizando inductivamente a partir de los datos, sino más bien infiriendo por retroducción hipótesis probables a partir de datos organizados conceptualmente.

En el curso de este análisis, Hanson trata en primer lugar de mostrar que la observación y los hechos incluyen, sin duda ninguna, una organización conceptual —una «carga teórica»— y que nuestra noción de causalidad tiene algo que ver con cierta forma de organización conceptual.

En cierto sentido, cabe ver el análisis de Hanson como un suplemento o complemento del que Kuhn hace de las teorías científicas —su tesis de la naturaleza de la observación como provista de una carga teórica refuerza y desarrolla la idea de Kuhn de que no existe un lenguaje de observación que sea neutral.

Tycho Brahe y Kepler no ven lo mismo cuando miran al Sol

Hanson comienza con una exposición de la observación que tiene el doble objetivo de desacreditar, por una parte, la tesis de la Concepción Heredada de la existencia de un lenguaje neutral de observación y de establecer, por otra, la idea de que la observación posee una «carga teórica». Y dado que el lenguaje observacional es de tal clase que las afirmaciones que en él se hacen se pueden verificar por observación directa, esa naturaleza intersubjetiva requiere que todos los que emplean dicho lenguaje vean las mismas cosas cuando miran a los mismos objetos.

Hanson pone en duda la afirmación de que la diferencia en lo que se ve sea una diferencia de interpretación, arguyendo que interpretar es una forma de pensar, una acción, mientras que ver es un estado de experiencia.

Hanson se pregunta que si la diferencia en lo que se ve no es una cuestión de interpretación, ¿qué es entonces?. Concluye que cuando uno mira a x, ver en x cosas diferentes supone poseer un conocimiento y unas teorías diferentes acerca de x. Así, por ejemplo, cuando Brahe y Kepler miran el sol, ven la misma cosa en el sentido de que perciben visualmente el mismo objeto, pero ven cosas diferentes en el sentido de que la organización conceptual de sus experiencias es enormemente diferente.

Los hechos están mediados por el lenguaje que los describe

Hay entonces un sentido en el que la visión es una acción que posee una carga teórica. ¿Cuál es la naturaleza de dicha acción epistémica? La respuesta de Hanson es que la acción de ver implica “ver que” y, por tanto, algún conocimiento acerca de la conducta de los objetos. Que la teoría del núcleo sensorial es falsa y que, en general, el acto de ver implica cierta organización conceptual implícita en el conocimiento requerido para “ver qué”.

Según Suppe, los argumentos de Hanson no son concluyentes. Suppe duda incluso de que se haya pretendido que lo sean; más bien deben considerarse como un conjunto de consideraciones persuasivas destinadas a convencer a uno de que la versión del núcleo sensorial de la teoría de los datos sensoriales es incorrecta y de que la observación conlleva una carga teórica. Después de haber abogado por esta conclusión básica de que visión (u observación) implica un ver qué, Hanson intenta a continuación obtener una serie de consideraciones paralelas en relación con la causalidad y con los hechos.

Analizando los hechos, empieza por establecer que los hechos no son entidades que puedan observarse o fotografiarse, sino que más bien se expresan en el lenguaje. Una vez establecido que los hechos son expresables, trata de mostrar que son relativos a un lenguaje. Empieza por preguntarse si hay hechos expresables en unos lenguajes, pero inexpresables en otros. Esto, a su vez, indica que, dado el mismo mundo, los dos hablantes habrían concebido el mundo de forma diferente, al hablar de, y pensar en, él de forma diferente, y lo habrían percibido de forma diferente.

Concluye Hanson que los hechos, al ser expresados en el lenguaje y al estar, por consiguiente, vinculados al lenguaje, son de tal naturaleza que, por lo menos, por lo que a la física se refiere, diferencias conceptuales o diferencias en el significado de los términos empleados en el lenguaje, pueden facilitar o dificultar la capacidad de determinar o comprender ciertos hecho. Lo cual equivale a decir que el hecho de usar el lenguaje con significados diferentes les lleva a ver cosas diferentes y determina el tipo de hechos que no tienen dificultad en aprehender.

@filotecnologa

La Observación depende del Observador. Parte I

La Observación según Hanson

La ciencia, glorioso logro del hombre moderno, se situa entre la matemática pura y la experiencia sensorial bruta. Esta posición genera tal tensión conceptual que no es raro que los filósofos estén perplejos.

La ciencia natural se interesa por los hechos de este mundo. Los resultados de tal interés se articulan en enunciados factuales. Ninguna colección de enunciados “no factuales” puede constituir una ciencia natural. Se precisa de la experiencia observacional para separar aquellos enunciados factuales que «se cumplen» de los que “no se cumplen”. «El observador» no es más que un detector animado; despersonalizado, no es sino un retículo de receptores de señales integrado con una eficacia y fiabilidad mecánicas considerables.

En esta medida y por este motivo, cualquier persona normal podría hacer observaciones científicamente valiosas. Los receptores de señales ópticas, no importa lo sensibles y exactos que sean, no pueden proporcionar todo lo que se necesita para observar por ejemplo, la resistencia eléctrica. Se presupone también un conocimiento; la observación científica es, por tanto, una actividad «cargada de teoría».

Ni los computadores fotosensibles sin cerebro, ni los niños, ni los elefantes,  hacen observaciones científicas, por muy notables que sean su recepción de señales y su memoria.

Ser capaz de dar sentido a los sensores exige conocimiento y teoría, no sólo más señales sensoriales. Este reconocimiento de un fuerte elemento teórico dentro de la observación científica conduce algunas veces a los filósofos a dar a entender que las señales provenientes de la materia de que se trata son menos importantes de lo que realmente son.

El teórico presiona al observador con preguntas como «¿en qué medida las desviaciones del ‘caso ideal’ son atribuidas simplemente a la tosquedad del aparato experimental?», «¿hasta qué punto son fundamentales para nuestra comprensión de los fenómenos las desviaciones, amplitudes de error, fricciones, dislocaciones, deformaciones, etc. detectadas, cosas todas ellas inseparables de los instrumentos y técnicas de medición?».

En este caso, es como si la «forma conceptual» de nuestras propias teorías, de nuestra  postura y estatura de las presuposiciones, determinasen dónde han de «limpiarse» las observaciones; dónde deben realinearse y reprocesarse de modo efectivo para ser insertadas en el marco teórico de una ciencia, su estructura para la inteligibilidad. Sin duda es muy importante reconocer este rasgo central de la observación científica.

La comprensión de los fenómenos se ve a menudo precedida por estudios sobre fluidos ideales, superficies sin fricción, palancas estrictamente rígidas, cuerpos perfectamente elásticos, envergaduras infinitas, traslaciones unidimensionales, partículas puntuales y, en general, «casos puros». Así, el ‘trabajo’ de laboratorio debe estorbar tan poco como sea posible a la principal función de la empresa científica, a saber, la consecución de comprensión teórica, de conocimiento.

Periódicamente, sin embargo, los teóricos quedan atrapados en una actitud de «tanto-peor-para-los-hechos». Históricamente, tal confianza parece casi comprensible, sobre todo después de los descubrimientos exigidos por la teoría, como los del antiprotón, el antineutrón, el neutrino, el positrón de Anderson… Pero aun así, el «punto medio» filosófico debe ser siempre el que reconozca que las observaciones significativas de una ciencia son aquéllas que cumplen los criterios de relevancia incorporados a la teoría vigente y, al mismo tiempo, son capaces de modificar esa teoría mediante el riguroso e inquebrantable reconocimiento de «lo que es el caso», de los hechos.

Lo que veo es lo que creo

La ciencia no fabrica los hechos, por mucho que pueda darles forma, color y orden. Pensemos en Johannes Kepler: imaginémosle en una colina mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Ptolomeo y a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer?.

En las retinas de Kepler y de Tycho se forman las mismas configuraciones. Así pues, ellos ven la misma cosa. Sin embargo la visión es una experiencia. Una reacción de la retina es solamente un estado físico, una excitación fotoquímica. Existe una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual. Las disparidades entre sus descripciones aparecerán en interpretaciones ex post facto de lo que se ve, no en los datos visuales básicos.

Si se sostiene esto, aparecerán pronto dificultades adicionales. ¿Cómo llegan a organizarse las experiencias visuales? ¿Cómo es posible la visión?. El contexto nos da la clave. No se necesita, sin embargo, que dicho contexto sea establecido explícitamente. A menudo es «inherente» al pensar, el imaginar y el figurar. El físico ve un tubo de rayos-X, el niño una lámpara complicada. Tycho y Simplicio ven un Sol que se mueve; Kepler y Galileo ven un Sol estático.

El examen de cómo diferentes observadores ven cosas diferentes en x pone de relieve algunas cosas de interés en cuanto al ver la misma cosa cuando miran a x. Si ver cosas diferentes implica la posesión de conocimientos y teorías diferentes acerca de x, entonces, cuando ven la misma cosa debe tomarse, quizás, como que los diferentes observadores comparten conocimientos y teorías acerca de x.

Kepler y Tycho compartían los elementos de sus experiencias; pero su organización intelectual es muy diferente. ¿Pueden tener sus campos visuales una organización diferente? Es precisamente el sentido en el que Tycho y Kepler no observan la misma cosa el que debe tenerse en cuenta cuando se trata de entender los desacuerdos que existen dentro de la microfísica.

La física fundamental es, primordialmente, una búsqueda de inteligibilidad; es una filosofía de la materia. Solamente de manera secundaria es una búsqueda de objetos y hechos (aunque los dos cometidos son uña y carne). En cierto sentido, entonces, la visión es una acción que lleva una «carga teórica».

Ver cómo, ver qué

La observación de x está moldeada por un conocimiento previo de x. El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen también influencia sobre las observaciones. Para Tycho y para Simplicio ver el amanecer era ver que el brillante satélite de la Tierra estaba comenzando su circuito diurno alrededor de nosotros, mientras que para Kepler y para Galileo ver el amanecer era ver que la Tierra, en su giro, les volvía a poner bajo la luz de nuestra estrella vecina.

Examinemos «ver que» en esos ejemplos. Puede que sea el elemento lógico que conecta el hecho de observar con nuestro conocimiento y con nuestro lenguaje. «Ver como» y «ver que» no son componentes de la visión en la misma medida en que las barras y los cojinetes son parte de los motores; la visión no es compuesta.

Con todo se pueden plantear cuestiones lógicas. «Ver como» y «ver que», por tanto, no son componentes psicológicos de la visión. Son elementos lógicamente distinguibles del lenguaje sobre la visión, según el concepto que nosotros tenemos de ésta. Ver un pájaro en el cielo implica ver que no caerá en barrena repentinamente; y esto es más de lo que aprecia la retina. Podríamos estar equivocados. Pero ver un pájaro, incluso momentáneamente, es verlo en todos estos aspectos. Como diría Wisdom, cada percepción implica una etiología y una prognosis.

«Ver que» inserta conocimiento dentro de nuestra visión; nos libra de reidentificar cada cosa que encuentran nuestros ojos; permite al físico observar los nuevos datos como físico y no como una cámara fotográfica. Como quiera que se interprete, la interpretación está allí, en la visión. Nos atreveríamos a decir que la interpretación es la visión.

Estas características lógicas del concepto de visión son inextricables e indispensables para la observación en la investigación física. ¿Por qué indispensable? Una cosa es que los hombres vean de una forma que permita el análisis de los factores en «ver como» y «ver que»; indispensable, sin embargo, sugiere que el mundo debe ser visto así. Esta es una afirmación más fuerte y requiere una argumentación igualmente fuerte.

Nuestra conciencia visual es dominada por imágenes; el conocimiento científico, sin embargo, es primordialmente lingüístico. La visión es, casi diría, una amalgama de imágenes y lenguaje. Al menos el concepto de visión abarca los conceptos de sensación visual y conocimiento. La fundamentación del lenguaje de la física, la parte más próxima a la mera sensación, es una serie de enunciados. Los enunciados son verdaderos o falsos. Las imágenes no tienen ningún parecido con los enunciados: no son ni verdaderas ni falsas. El conocimiento del mundo no es un montaje de piedras, palos, manchas de color y ruidos, sino un sistema de proposiciones.

Seguiremos abundando sobre el tema en la Parte II.

@filotecnóloga

 

Los enunciados básicos de Popper II

En la primera parte de los enunciados básicos de Popper vimos como su epistemología estaba caracterizada por un empirismo positivista y un racionalismo crítico. Es decir, para distinguir ciencia de pseudociencia hay que definir de manera concreta qué es la experiencia. Qué es la realidad y qué entendemos por conocer la realidad.

Para Popper no existen proposiciones universales extrapolables a partir de la experiencia, y tampoco cree que el mundo está ahí para  nosotros de una forma pasiva. Nosotros construimos el mundo.

Una teoría explica el mundo, pero nunca será verdadera en sentido estricto, ya que las teorías sólo pueden ser falsadas. Cuanto más intentos de falsación resista una teoría más robusta se hace, pero eso no significa que sea verdadera, tan sólo que no hemos encontrado  un hecho empírico que la refute.

Continuaremos analizando un poco más el pensamiento de esta gran filósofo de la ciencia.

Ciencia y experiencia

Las relaciones lógicas sólo se pueden dar entre enunciados, por lo que es imposible pretender la fundamentación lógica de enunciados por algo que no son enunciados, o sea, por experiencias. Pero entonces, es imprescindible definir aquí qué se entiende por experiencia.

La supuesta experiencia que nos proporciona conocimiento solamente hace tal cosa en la medida en que se afirma un enunciado que describe el hecho. Pero este enunciado, ya por serlo, trasciende la observación empírica, inmediata. En realidad, toda observación está mediatizada ya por la teoría, de modo que las observaciones perceptivas puras son imposibles. Así pues, la experiencia no consiste en la acumulación maquinal de teorías, sino que ella misma es el resultado de decisiones y de interpretaciones libres.

Los hechos aparentes de la experiencia son siempre interpretaciones a la luz de teorías, por lo que tienen el carácter hipotético o conjetural de todas las teorías.

En conclusión las observaciones – y, más todavía, los enunciados de observaciones y los resultados experimentales – son siempre interpretaciones de los hechos observados realizadas a la luz de las teorías.

La cuestión de por qué conocemos precisamente mediante un sistema de enunciados aceptados convencionalmente, la cuestión de por qué esta metodología nos garantiza un conocimiento empírico válido no sólo formalmente sino realmente, es una cuestión que sólo puede resolverse mediante la fe metafísica en la inmutabilidad de los procesos naturales: “El método científico presupone la inmutabilidad de los procesos naturales o el principio de uniformidad de la naturaleza”.

Probabilidad y corroborabilidad

Una teoría que se ha tratado de falsar pero que no ha quedado falsada no muestra, en principio, contradicción con los hechos, pero no se la puede dar por verdadera sin más al no saberse si no resultará falsa en el futuro.

Además, al ser un enunciado universal no puede ser nunca definitivamente verificada, sino que siempre seguirá siendo una conjetura provisional. Es preciso, pues, cambiar el concepto de verdad por el de probabilidad. Entonces, al atribuir una probabilidad a una hipótesis estamos haciendo una evaluación de la misma que puede ser verdadera o probable.

Sin embargo, si se vuelve a atribuir una probabilidad a este principio, entonces estaremos en un regreso al infinito; y si, por el contrario, se le atribuye la verdad, entonces nos enfrentamos con el dilema de elegir entre la regresión infinita y el apriorismo.

O sea, no sirve la lógica inductiva para caracterizar una hipótesis cuando ésta ha sido contrastada con la experiencia y ha resistido la prueba. No podemos decir de ella que sea verdadera y ni siquiera podemos decir que sea probable. Lo único que podemos decir es que está más o menos corroborada.

Para Popper, que una teoría esté corroborada implica sólo que tal teoría es aceptable de manera provisional. En suma, decir que una teoría está corroborada cuando es refutable pero no ha sido refutada a pesar de nuestros intentos, es decir que hemos terminado aceptando una serie de enunciados deducibles de ella y hemos tomado esta decisión porque estos enunciados no eran deducibles de nuestro anterior conocimiento fácilmente falsable. Estas condiciones sólo garantizan que la ciencia no se detenga, no explican que aumente nuestro conocimiento.

El mundo 3

La epistemología de Popper se aproxima, en cierto modo, a las concepciones del neodarwinismo, suponiendo un cierto evolucionismo como concepción metafísica general de base. El desarrollo de la ciencia se produce, pues, del modo siguiente:

  1. Los científicos inventan y someten a prueba las teorías destinadas a resolver problemas que se plantean a partir de teorías existentes.
  2. Entre las teorías se produce una competencia que viene a ser como una lucha por la supervivencia: unas teorías son eliminadas, bien porque no sobreviven a una prueba de falsabilidad, bien porque las sustituyen otras teorías más poderosas capaces de resolver más problemas.

El conocimiento científico es relativamente autónomo respecto de los individuos: no está inscrito en el genoma ni en el cerebro, sino que está en los libros y las bases de datos, disponibles para las nuevas generaciones, que continuarán desarrollándolo a través de la invención y la crítica.

Este conjunto de conocimientos progresivos constituye lo que Popper llama el «Mundo 3»: una producción específicamente humana por medio del lenguaje. Es el mundo de los problemas y de las hipótesis teóricas.

La apuesta por un racionalismo crítico

Popper invita a abandonar la ilusión de que es posible encontrar puntos de referencia últimos en los que basar nuestro saber. Y propone una actitud racionalista crítica que acepte que cualquier teoría es provisional, revisable y superable.

Por tanto, Popper se sitúa ya en la actitud de desimplicación propia de la postmodernidad, que no ve en la filosofía la empresa de fundamentación de las ciencias, tal como en la tradición moderna, desde Descartes hasta Husserl y el positivismo lógico, se había considerado. Para Popper, lo que importa no es la fundación de la ciencia, sino su desarrollo.

Optar por la razón no es ella misma una cuestión racional sino una decisión de la que sólo podemos decir que da buenos resultados, pero no que sea lógicamente necesaria a priori.

@filotecnologa

Clasificaciones y Taxonomía

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Un poquito de orden, ponte a clasificar

Una de las actividades científicas más frecuentes es la que consiste en clasificar los individuos de un ámbito determinado, de tal modo que podamos hablar, pensar y formular leyes o hipótesis sobre ellos con más facilidad.

Cuando nos ponemos a clasificar un dominio de objetos, no consideramos terminada nuestra tarea hasta que la clasificación o colección de clases introducidas los abarca a todos. Esto puede precisarse diciendo que el resultado de clasificar un conjunto A ha de constituir un recubrimiento de A.

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¿Qué es esa cosa llamada Física?

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¿Qué es esa cosa llamada ciencia?

La forma en que somos capaces de teorizar acerca del mundo es algo que tenemos que descubrir y no algo que podamos establecer de antemano mediante un argumento filosófico.

La relación entre las teorías de la física y el mundo se inspira en dos rasgos muy generales de la física desde Galileo. Uno es que la física implica experimentación, con lo que podría rechazarse el instrumentalismo. El otro es el hecho de que la física ha experimentado cambios revolucionarios.

La física implica generalizaciones universales formuladas en términos matemáticos, es decir, que los sistemas de teorías forman algo así como los programas de investigación lakatosianos y que su desarrollo se ha producido de conformidad con la concepción objetivista del cambio presentada en Una concepción objetivista. De esta forma podemos dar una respuesta a la pregunta ¿Qué es esa cosa llamada física?

No podemos estar seguros de que la física no sufrirá cambios drásticos en el futuro. La mecánica cuántica moderna difiere de la física clásica en algunos aspectos fundamentales. El carácter de la física puede estar cambiando debido a los cambios sociales que acompañan al desarrollo del capitalismo monopolista.

La cuestión que da título al libro de Chalmers ¿Qué es esa cosa llamada Ciencia? es engañosa y presuntuosa. Presupone que hay una sola categoría de ciencia e implica que diversas áreas del conocimiento, como la física, la biología, la historia, la sociología, etc. , entran o no en la categoría de ciencia.

Toda área de conocimiento puede ser analizada por lo que es, podemos investigar fines y podemos investigar los medios utilizados para cumplir dichos fines y el grado de éxito logrado. De esto no se desprende que no se pueda criticar ningún área del conocimiento. Podemos intentar criticar cualquier área del conocimiento criticando sus fines, criticando la adecuación de los métodos utilizados para alcanzar esos fines, confrontándola con un medio alternativo y superior de alcanzar esos mismos fines. Desde este punto de vista, no necesitamos una categoría de ciencia con respecto a la cual un área del conocimiento pueda ser aclamada como ciencia o denigrada como no ciencia.

El relativismo en perspectiva

Si hablamos de las formas en que las teorías pueden ser valoradas o juzgadas, entonces la postura de Chalmers es relativista en el sentido de que niega que haya un criterio absoluto con respecto al cual se puedan emitir esos juicios. En particular, no hay una categoría general de ciencia, ni tampoco un concepto de verdad que esté a la altura del proyecto de describir a la ciencia como una búsqueda de la verdad. Toda área del conocimiento ha de ser juzgada por sus propios méritos, o investigando sus fines y el grado en que es capaz de cumplirlos. Además, los juicios sobre los fines estarán a su vez relacionados con la situación social.

Los fines de control tecnológico sobre la naturaleza son de gran importancia en una sociedad en la que unos problemas sociales muy urgentes requieren un incremento del control tecnológico pero serán de menor importancia en nuestra sociedad, en la que al parecer los problemas sociales más urgentes no se verían aliviados sino exacerbados por nuevos avances en el control tecnológico.

El lado objetivista de la postura de Chalmers hace hincapié en que en la sociedad los individuos se enfrentan a una situación social que tiene ciertos rasgos, les guste o no, o sean o no conscientes de ella, y tienen a su disposición una serie de medios para cambiar la situación, les guste o no. Además, cualquier acción que se emprenda para cambiar la situación tendrá consecuencias que dependerán del carácter objetivo de la situación y podrán diferir notablemente de las intenciones del actor. De forma similar, en el campo del conocimiento, los individuos se enfrentan a una situación objetiva y a una serie de métodos y materiales teóricos que están a su disposición para contribuir a cambiar la situación.

Desde este punto de vista, los juicios emitidos por los individuos acerca del carácter y los méritos de las teorías son menos significativos de lo que frecuentemente se supone. Los fines no tienen por qué ser analizados en términos de las aspiraciones de los individuos o grupos. Dentro de una economía capitalista, el incremento del control tecnológico es una necesidad en la medida en que los capitalistas que no lo consiguen son arrojados del mercado por los que sí lo consiguen, y por consiguiente quiebran. La situación no era la misma en la sociedad feudal.

Una comunidad feudal que no consiguiera igualar los avances tecnológicos de sus vecinas no quebraría, sino que simplemente tendría un nivel de vida más bajo. Cuando hablamos de los fines no nos referimos a los juicios o valores de los individuos afectados.

Chalmers no pretende sugerir que los juicios de los individuos carezcan de importancia, ya sea en el campo del cambio teórico o en el del cambio social. Todo cambio que se produzca se producirá únicamente como resultado de las acciones de los individuos o grupos de individuos, y las acciones que los individuos emprendan estarán claramente influenciadas por sus juicios sobre la situación a la que se enfrentan y por su interpretación de los fines.

Considerando que las teorías de la física en una determinada fase de su desarrollo son como son y que el mundo físico es como es, esas teorías son capaces de abordar el mundo con un cierto éxito, juzguen correctamente o no la situación los individuos o grupos. El hecho de que la física haya existido y sobrevivido en la sociedad occidental y haya progresado al menos hasta hace poco, en la forma descrita por la concepción objetivista de Chalmers del cambio de teoría, ha de ser explicado en términos de la relación entre la naturaleza objetiva de la física y la naturaleza objetiva de la sociedad occidental.

El lado objetivista de las observaciones de Chalmers se opone a las versiones radicales del relativismo, según las cuales una teoría es tan buena como cualquier otra. En algunas concepciones relativistas el motivo de desarrollar  una teoría es convencer a los demás de que la nuestra es la correcta.

¿Por qué molestarse?

¿Por qué molestarse en realizar investigaciones como las que se han planteado en estas entradas científico-filosóficas? La importancia de la cuestión se pone de manifiesto cuando se admite, como Chalmers ha hecho, que la filosofía o la metodología de la ciencia no son de ninguna ayuda para los científicos.

La función más importante de la investigación de Chalmers es combatir lo que podríamos llamar la ideología de la ciencia tal como funciona en nuestra sociedad. Esta ideología implica el uso del dudoso concepto de ciencia y el igualmente dudoso concepto de verdad que a menudo va asociado con él, normalmente en defensa de posturas conservadoras.

Las categorías generales de ciencia y método científico son utilizadas también para descartar o suprimir áreas de estudio.

El punto de vista de Chalmers es que no hay una concepción intemporal y universal de la ciencia o del método científico que pueda servir a los fines ejemplificados. No tenemos recursos para llegar a tales nociones y defenderlas. No es lícito defender o rechazar áreas de conocimiento porque no se ajustan a algún criterio prefabricado de cientificidad. El progreso es algo más complejo que esto.

No se trata de que un punto de vista sea tan bueno como cualquier otro. Si se quiere cambiar una situación de una forma controlada, lo mejor será comprender la situación y dominar los medios disponibles para cambiarla.

La política del todo vale ha de ser rechazada por su impotencia. Citando a John Krige: “todo vale…significa que, en la práctica, todo sigue igual”.

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