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La Obervación depende del Observador. Parte II

En la Primera Parte de esta entrada relacionada con la carga teórica que presenta la observación, vimos como Hanson decía que lo que el observador interpretaba era fruto de un vagaje teórico que llevaba consigo. Y que no sólo se trata de sustrato teórico sino en cierta medida de creencias y prejuicios que pueden hacer que el mismo hecho observado genere conclusiones diferentes en observadores diferentes. Sigamos avanzando.

Significancia, relevancia

Ambas nociones, significancia y relevancia, dependen de lo que ya conocemos. Los objetos, los sucesos y las imágenes no son intrínsecamente significantes o relevantes. Si la visión fuera solamente un proceso óptico-químico, nada de lo que viéramos sería relevante para lo que conociéramos y nada de lo conocido podría tener significación para lo que vemos.

La vida visual sería ininteligible; a la vida intelectual le faltaría un aspecto visual. El hombre sería una computadora ciega acoplada a una placa fotográfica sin cerebro. Las imágenes, a veces, copian originales, el lenguaje puede copiar lo que describe. Pero nada hay en la palabra oso que evoque la forma del oso; nada hay en el sonido de la palabra oso que parezca un gruñido. El que o-s-o haga referencia a un oso es debido a una convención que coordina la palabra con el objeto. No hay nada peligroso en una bandera roja, y, sin embargo, es una señal con la que se expresa peligro.

Las oraciones gramaticales no muestran, por ejemplo, a los osos subiéndose a los árboles, pero con ellas se puede enunciar que los osos se suben a los árboles. Cuando se ignoran el lenguaje y las notaciones en los estudios de observación, se considera que la física descansa sobre la pura sensación y los experimentos de bajo nivel. Se la describe como una concatenación repetitiva y monótona de sensaciones espectaculares y de experimentos de laboratorio escolar.

Pero la física no es solamente una sistemática exposición de los sentidos al mundo; también es una manera de pensar acerca del mundo, una manera de formar concepciones. El paradigma de observador no es el hombre que ve y comunica lo que todos los observadores normales ven y comunican, sino el hombre que ve en objetos familiares lo que nadie ha visto anteriormente.

La carga teórica según Hanson

En opinión de Hanson, uno de los principales defectos de la interpretación que la Concepción Heredada propone de las teorías es que limita su atención al producto acabado del teorizar científico, sin prestar atención alguna al procedimiento racional por el cual leyes, hipótesis y teorías se proponen por primera vez a título provisional.

Hanson  investiga esta forma de proceder del descubrimiento; a la vez propone un análisis de las teorías en donde «las teorías físicas proporcionan una serie de patrones dentro de los cuales los datos resultan inteligibles y, en consecuencia, le permiten a uno explicar los fenómenos que caen bajo ellas.

Estas teorías no se descubren generalizando inductivamente a partir de los datos, sino más bien infiriendo por retroducción hipótesis probables a partir de datos organizados conceptualmente.

En el curso de este análisis, Hanson trata en primer lugar de mostrar que la observación y los hechos incluyen, sin duda ninguna, una organización conceptual —una «carga teórica»— y que nuestra noción de causalidad tiene algo que ver con cierta forma de organización conceptual.

En cierto sentido, cabe ver el análisis de Hanson como un suplemento o complemento del que Kuhn hace de las teorías científicas —su tesis de la naturaleza de la observación como provista de una carga teórica refuerza y desarrolla la idea de Kuhn de que no existe un lenguaje de observación que sea neutral.

Tycho Brahe y Kepler no ven lo mismo cuando miran al Sol

Hanson comienza con una exposición de la observación que tiene el doble objetivo de desacreditar, por una parte, la tesis de la Concepción Heredada de la existencia de un lenguaje neutral de observación y de establecer, por otra, la idea de que la observación posee una «carga teórica». Y dado que el lenguaje observacional es de tal clase que las afirmaciones que en él se hacen se pueden verificar por observación directa, esa naturaleza intersubjetiva requiere que todos los que emplean dicho lenguaje vean las mismas cosas cuando miran a los mismos objetos.

Hanson pone en duda la afirmación de que la diferencia en lo que se ve sea una diferencia de interpretación, arguyendo que interpretar es una forma de pensar, una acción, mientras que ver es un estado de experiencia.

Hanson se pregunta que si la diferencia en lo que se ve no es una cuestión de interpretación, ¿qué es entonces?. Concluye que cuando uno mira a x, ver en x cosas diferentes supone poseer un conocimiento y unas teorías diferentes acerca de x. Así, por ejemplo, cuando Brahe y Kepler miran el sol, ven la misma cosa en el sentido de que perciben visualmente el mismo objeto, pero ven cosas diferentes en el sentido de que la organización conceptual de sus experiencias es enormemente diferente.

Los hechos están mediados por el lenguaje que los describe

Hay entonces un sentido en el que la visión es una acción que posee una carga teórica. ¿Cuál es la naturaleza de dicha acción epistémica? La respuesta de Hanson es que la acción de ver implica “ver que” y, por tanto, algún conocimiento acerca de la conducta de los objetos. Que la teoría del núcleo sensorial es falsa y que, en general, el acto de ver implica cierta organización conceptual implícita en el conocimiento requerido para “ver qué”.

Según Suppe, los argumentos de Hanson no son concluyentes. Suppe duda incluso de que se haya pretendido que lo sean; más bien deben considerarse como un conjunto de consideraciones persuasivas destinadas a convencer a uno de que la versión del núcleo sensorial de la teoría de los datos sensoriales es incorrecta y de que la observación conlleva una carga teórica. Después de haber abogado por esta conclusión básica de que visión (u observación) implica un ver qué, Hanson intenta a continuación obtener una serie de consideraciones paralelas en relación con la causalidad y con los hechos.

Analizando los hechos, empieza por establecer que los hechos no son entidades que puedan observarse o fotografiarse, sino que más bien se expresan en el lenguaje. Una vez establecido que los hechos son expresables, trata de mostrar que son relativos a un lenguaje. Empieza por preguntarse si hay hechos expresables en unos lenguajes, pero inexpresables en otros. Esto, a su vez, indica que, dado el mismo mundo, los dos hablantes habrían concebido el mundo de forma diferente, al hablar de, y pensar en, él de forma diferente, y lo habrían percibido de forma diferente.

Concluye Hanson que los hechos, al ser expresados en el lenguaje y al estar, por consiguiente, vinculados al lenguaje, son de tal naturaleza que, por lo menos, por lo que a la física se refiere, diferencias conceptuales o diferencias en el significado de los términos empleados en el lenguaje, pueden facilitar o dificultar la capacidad de determinar o comprender ciertos hecho. Lo cual equivale a decir que el hecho de usar el lenguaje con significados diferentes les lleva a ver cosas diferentes y determina el tipo de hechos que no tienen dificultad en aprehender.

@filotecnologa

La Observación depende del Observador. Parte I

La Observación según Hanson

La ciencia, glorioso logro del hombre moderno, se situa entre la matemática pura y la experiencia sensorial bruta. Esta posición genera tal tensión conceptual que no es raro que los filósofos estén perplejos.

La ciencia natural se interesa por los hechos de este mundo. Los resultados de tal interés se articulan en enunciados factuales. Ninguna colección de enunciados “no factuales” puede constituir una ciencia natural. Se precisa de la experiencia observacional para separar aquellos enunciados factuales que «se cumplen» de los que “no se cumplen”. «El observador» no es más que un detector animado; despersonalizado, no es sino un retículo de receptores de señales integrado con una eficacia y fiabilidad mecánicas considerables.

En esta medida y por este motivo, cualquier persona normal podría hacer observaciones científicamente valiosas. Los receptores de señales ópticas, no importa lo sensibles y exactos que sean, no pueden proporcionar todo lo que se necesita para observar por ejemplo, la resistencia eléctrica. Se presupone también un conocimiento; la observación científica es, por tanto, una actividad «cargada de teoría».

Ni los computadores fotosensibles sin cerebro, ni los niños, ni los elefantes,  hacen observaciones científicas, por muy notables que sean su recepción de señales y su memoria.

Ser capaz de dar sentido a los sensores exige conocimiento y teoría, no sólo más señales sensoriales. Este reconocimiento de un fuerte elemento teórico dentro de la observación científica conduce algunas veces a los filósofos a dar a entender que las señales provenientes de la materia de que se trata son menos importantes de lo que realmente son.

El teórico presiona al observador con preguntas como «¿en qué medida las desviaciones del ‘caso ideal’ son atribuidas simplemente a la tosquedad del aparato experimental?», «¿hasta qué punto son fundamentales para nuestra comprensión de los fenómenos las desviaciones, amplitudes de error, fricciones, dislocaciones, deformaciones, etc. detectadas, cosas todas ellas inseparables de los instrumentos y técnicas de medición?».

En este caso, es como si la «forma conceptual» de nuestras propias teorías, de nuestra  postura y estatura de las presuposiciones, determinasen dónde han de «limpiarse» las observaciones; dónde deben realinearse y reprocesarse de modo efectivo para ser insertadas en el marco teórico de una ciencia, su estructura para la inteligibilidad. Sin duda es muy importante reconocer este rasgo central de la observación científica.

La comprensión de los fenómenos se ve a menudo precedida por estudios sobre fluidos ideales, superficies sin fricción, palancas estrictamente rígidas, cuerpos perfectamente elásticos, envergaduras infinitas, traslaciones unidimensionales, partículas puntuales y, en general, «casos puros». Así, el ‘trabajo’ de laboratorio debe estorbar tan poco como sea posible a la principal función de la empresa científica, a saber, la consecución de comprensión teórica, de conocimiento.

Periódicamente, sin embargo, los teóricos quedan atrapados en una actitud de «tanto-peor-para-los-hechos». Históricamente, tal confianza parece casi comprensible, sobre todo después de los descubrimientos exigidos por la teoría, como los del antiprotón, el antineutrón, el neutrino, el positrón de Anderson… Pero aun así, el «punto medio» filosófico debe ser siempre el que reconozca que las observaciones significativas de una ciencia son aquéllas que cumplen los criterios de relevancia incorporados a la teoría vigente y, al mismo tiempo, son capaces de modificar esa teoría mediante el riguroso e inquebrantable reconocimiento de «lo que es el caso», de los hechos.

Lo que veo es lo que creo

La ciencia no fabrica los hechos, por mucho que pueda darles forma, color y orden. Pensemos en Johannes Kepler: imaginémosle en una colina mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Ptolomeo y a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer?.

En las retinas de Kepler y de Tycho se forman las mismas configuraciones. Así pues, ellos ven la misma cosa. Sin embargo la visión es una experiencia. Una reacción de la retina es solamente un estado físico, una excitación fotoquímica. Existe una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual. Las disparidades entre sus descripciones aparecerán en interpretaciones ex post facto de lo que se ve, no en los datos visuales básicos.

Si se sostiene esto, aparecerán pronto dificultades adicionales. ¿Cómo llegan a organizarse las experiencias visuales? ¿Cómo es posible la visión?. El contexto nos da la clave. No se necesita, sin embargo, que dicho contexto sea establecido explícitamente. A menudo es «inherente» al pensar, el imaginar y el figurar. El físico ve un tubo de rayos-X, el niño una lámpara complicada. Tycho y Simplicio ven un Sol que se mueve; Kepler y Galileo ven un Sol estático.

El examen de cómo diferentes observadores ven cosas diferentes en x pone de relieve algunas cosas de interés en cuanto al ver la misma cosa cuando miran a x. Si ver cosas diferentes implica la posesión de conocimientos y teorías diferentes acerca de x, entonces, cuando ven la misma cosa debe tomarse, quizás, como que los diferentes observadores comparten conocimientos y teorías acerca de x.

Kepler y Tycho compartían los elementos de sus experiencias; pero su organización intelectual es muy diferente. ¿Pueden tener sus campos visuales una organización diferente? Es precisamente el sentido en el que Tycho y Kepler no observan la misma cosa el que debe tenerse en cuenta cuando se trata de entender los desacuerdos que existen dentro de la microfísica.

La física fundamental es, primordialmente, una búsqueda de inteligibilidad; es una filosofía de la materia. Solamente de manera secundaria es una búsqueda de objetos y hechos (aunque los dos cometidos son uña y carne). En cierto sentido, entonces, la visión es una acción que lleva una «carga teórica».

Ver cómo, ver qué

La observación de x está moldeada por un conocimiento previo de x. El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen también influencia sobre las observaciones. Para Tycho y para Simplicio ver el amanecer era ver que el brillante satélite de la Tierra estaba comenzando su circuito diurno alrededor de nosotros, mientras que para Kepler y para Galileo ver el amanecer era ver que la Tierra, en su giro, les volvía a poner bajo la luz de nuestra estrella vecina.

Examinemos «ver que» en esos ejemplos. Puede que sea el elemento lógico que conecta el hecho de observar con nuestro conocimiento y con nuestro lenguaje. «Ver como» y «ver que» no son componentes de la visión en la misma medida en que las barras y los cojinetes son parte de los motores; la visión no es compuesta.

Con todo se pueden plantear cuestiones lógicas. «Ver como» y «ver que», por tanto, no son componentes psicológicos de la visión. Son elementos lógicamente distinguibles del lenguaje sobre la visión, según el concepto que nosotros tenemos de ésta. Ver un pájaro en el cielo implica ver que no caerá en barrena repentinamente; y esto es más de lo que aprecia la retina. Podríamos estar equivocados. Pero ver un pájaro, incluso momentáneamente, es verlo en todos estos aspectos. Como diría Wisdom, cada percepción implica una etiología y una prognosis.

«Ver que» inserta conocimiento dentro de nuestra visión; nos libra de reidentificar cada cosa que encuentran nuestros ojos; permite al físico observar los nuevos datos como físico y no como una cámara fotográfica. Como quiera que se interprete, la interpretación está allí, en la visión. Nos atreveríamos a decir que la interpretación es la visión.

Estas características lógicas del concepto de visión son inextricables e indispensables para la observación en la investigación física. ¿Por qué indispensable? Una cosa es que los hombres vean de una forma que permita el análisis de los factores en «ver como» y «ver que»; indispensable, sin embargo, sugiere que el mundo debe ser visto así. Esta es una afirmación más fuerte y requiere una argumentación igualmente fuerte.

Nuestra conciencia visual es dominada por imágenes; el conocimiento científico, sin embargo, es primordialmente lingüístico. La visión es, casi diría, una amalgama de imágenes y lenguaje. Al menos el concepto de visión abarca los conceptos de sensación visual y conocimiento. La fundamentación del lenguaje de la física, la parte más próxima a la mera sensación, es una serie de enunciados. Los enunciados son verdaderos o falsos. Las imágenes no tienen ningún parecido con los enunciados: no son ni verdaderas ni falsas. El conocimiento del mundo no es un montaje de piedras, palos, manchas de color y ruidos, sino un sistema de proposiciones.

Seguiremos abundando sobre el tema en la Parte II.

@filotecnóloga

 

La Distinción entre la Teoría y la Observación

Comenzamos un nuevo tema de Filosofía de la Ciencia. Vamos a ir desmembrando la base empírica de las teorías científicas. Partiremos de la base empírica de lo que se conoce como Concepción Heredada, en concreto  la distinción clave que establece entre lo teórico y lo observacional.

Fundamento histórico de la Concepción Heredada

Fue el amigo Putnam el primero que acuñó el término Concepción Heredada (Received View), pero fue Suppe quien lo consagró en su libro The Structure of Scientific Theories.

Las teorías científicas constituían cálculos parcialmente interpretados, sólo los términos observacionales estaban directamente interpretados. Putnam cuestionó esta visión, y trató de identificar una alternativa.

La Concepción Heredada estaba asentada en la dicotomía observacional-teórico, y sostenía que los términos de observación se aplican a lo que podría llamarse cosas públicamente observables, y significan las cualidades observables de estas cosas, mientras que los términos teóricos corresponden a las restantes cualidades y a cosas inobservables.

El debate de fondo era, por tanto, y aunque suene paradójico, si la observación permanece o no “cargada de teoría”. Hilary Putnam se situaba en la estela de filósofos como Hanson y Popper, que afirmaban que sí lo estaba.

Frederick Suppe, por su lado, iba un poco más allá, incidía también en la caracterización sintáctico-axiomática de las teorías científicas pero buscaba más bien dilucidar la procedencia del fracaso del positivismo lógico con el objetivo de transitar hacia otros desarrollos filosóficos entonces incipientes. Esto es, reposicionar los límites de las reacciones historicistas a esta supuesta Concepción Heredada y establecer el alcance de los enfoques semántico-estructurales.

Suppe estudió los fundamentos históricos y el desarrollo de la Concepción Heredada, incorporando no sólo la visión de Putnam, centrada en la duplicidad de términos teóricos/términos observacionales y en la epistemología de teorías, sino en la cuestión de las reglas de correspondencia, de la formalización y del estatus de la lógica condicional.

Posiciones filosóficas a finales del S. XIX

Al cambiar el siglo, las tres principales posiciones filosóficas mantenidas en la comunidad científica alemana eran el materialismo mecanicista, el neokantismo y el neopositivismo de Mach, siendo el neokantismo la más común.

De 1850 a 1880 la ciencia alemana estuvo dominada por un materialismo mecanicista en el que la ciencia presenta una visión del mundo basada firmemente en la investigación empírica, dejando a un lado la especulación filosófica. El método científico lleva al conocimiento inmediato y objetivo de leyes y es capaz de conseguirlo mediante la investigación empírica. La observación del mundo es inmediata en el sentido de que no hay ningún a priori o mediación conceptual involucrados en la obtención de conocimiento observacional.

Hacia la década de 1870, el materialismo mecanicista empezó a ser recusado principalmente a causa de los desarrollos conseguidos en fisiología y psicología, dando paso gradualmente a una filosofía neokantiana de la ciencia, caracterizada por el hecho de que la ciencia tiene como misión descubrir las formas generales o estructuras de las sensaciones; el conocimiento que la ciencia ofrece «del mundo externo» es visto como una red de relaciones lógicas que no son dadas, sino más bien ejemplificadas en la experiencia sensorial. La labor de la ciencia es descubrir la estructura de este mundo ideal, la estructura de los fenómenos. Las leyes científicas deben describir esta estructura. Por tanto, el conocimiento científico es absoluto, no relativo.

El pensamiento de Mach dió lugar a un neopositivismo en el cual no hay sitio para elementos apriorísticos en la ciencia. Los enunciados científicos deben ser verificables empíricamente, o sea, que todo enunciado empírico que aparece en una teoría científica debe de ser capaz de ser reducido a enunciados acerca de sensaciones. Las modificaciones o desarrollos posteriores de su enfoque básico por parte de Clifford (1885), Pearson (1892) y Hertz (1894) llevaron las cosas gradualmente a aceptar la inclusión de un elemento apriorístico en la ciencia, entendido éste como si fuese un elemento conceptual sin ningún contenido fáctico. Una posición similar fue desarrollada por Poincaré (1902).

En 1905 Einstein publicó su teoría especial de la relatividad y poco tiempo después la teoría de los quanta estaba ya en vías de desarrollo, su aceptación parecía requerir el abandono de tales posiciones filosóficas. Se produjo una crisis filosófica.

Las matemáticas también cuentan

La Concepción Heredada es producto del Positivismo Lógico, y no puede, por tanto, ser entendida separada de las tesis de dicho movimiento. Si bien es cierto que la Concepción Heredada sobrevivió al Positivismo Lógico, ya que siguió teniendo gran aceptación a pesar de que éste fuera refutado.

El Círculo de Viena y el de Berlín estaban de acuerdo en que Mach tenía razón al insistir en la verificabilidad como criterio de significación para los conceptos teóricos, pero llegaron a la conclusión de que estaba equivocado al no dejar un sitio para las matemáticas. La observación de Poincaré de que las leyes científicas a menudo no son más que convenciones acerca de hechos científicos abrió el camino a la introducción de las matemáticas.

De acuerdo con Poincaré, estos términos teóricos no son otra cosa que meras convenciones usadas para referirse a los fenómenos, en el sentido de que cualquier afirmación que haga uso de ellos puede hacerse en lenguaje fenoménico también. Es decir, los términos teóricos deben de ser definidos explícitamente en términos de fenómenos (o lenguaje fenoménico) y no son otra cosa que abreviaturas de tales descripciones fenoménicas.

Dado que las leyes de una teoría se formulan usando términos teóricos, esto capacita para expresar las leyes matemáticamente. Pero como los enunciados que usan términos teóricos se pueden eliminar y sustituir por otros equivalentes, en lenguaje fenoménico, estas leyes matemáticas no son más que convenciones para expresar ciertas relaciones mantenidas entre fenómenos.

Los desarrollos obtenidos en matemáticas por Frege, Cantor y Russell culminaron en los Principia Mathematica de Whitehead y Russell (1910-13). Esto sugirió a los miembros del Círculo de Viena que los enunciados matemáticos de las leyes científicas y también las definiciones de términos teóricos podrían darse en términos lógicomatemáticos y de acuerdo con esto procedieron a modificar su síntesis de las posiciones de Mach y Poincaré.

…Y llegamos a la formalización de la Concepción Heredada

El resultado fue la Versión inicial de la Concepción Heredada: una teoría científica debe de ser axiomatizada según la lógica matemática (cálculo de predicados de primer orden más identidad).

Los términos de la axiomatización lógica deben dividirse en tres clases:

  • Términos lógicos y matemáticos,
  • Términos teóricos y
  • Términos observacionales a los que se da una interpretación fenoménica u observacional.

Los axiomas de la teoría son formulaciones de leyes científicas y especifican relaciones mantenidas entre los términos teóricos. Los términos teóricos son meramente abreviaturas de descripciones fenoménicas, es decir, descripciones que usan únicamente términos observacionales. Por tanto, las axiomatizaciones deben incluir varias definiciones explícitas de los términos teóricos de la forma:

TxH = Ox

donde ‘T’ es un término teórico, ‘O’ un término observacional

Tales definiciones explícitas se llaman reglas de correspondencia porque coordinan términos teóricos con las combinaciones correspondientes de términos observacionales. Los términos observacionales se supone que se refieren a fenómenos específicos o a propiedades fenoménicas y la única interpretación dada de los términos teóricos es su definición explícita por medio de reglas de correspondencia.

La primera versión publicada de la Concepción Heredada parece ser la de Carnap (1923). Respecto a la ciencia, la Concepción Heredada proporcionaba un medio de evitar la introducción de tales entidades metafísicas. Como las entidades metafísicas no son entidades fenoménicas o de observación, los términos usados para describirlas no pueden ser términos observacionales y, por tanto, deben ser términos teóricos.

Pero los términos teóricos sólo se aceptan si se los puede dotar de reglas de correspondencia que den de ellos una definición fenoménica explícita y, por tanto, las molestas entidades metafísicas no pueden ser introducidas en las teorías científicas. Esto es lo que se conoce como el problema de las entidades teóricas.

Si la Concepción Heredada podía evitar la introducción de entidades molestas en las teorías científicas ¿por qué no se había de poder extender esto a la filosofía y a cualquier otro discurso?

No viendo ninguna razón por la que esto no pudiese ser así, e influida por las doctrinas de Wittgenstein (1922) acerca de un lenguaje lógicamente perfecto, la Concepción Heredada fue ampliada hasta llegar a ser una doctrina general de la significación cognitiva. Todo discurso cognitivamente significativo acerca del mundo debe ser empíricamente verificable. El lenguaje de observación o protocolario debería de ser un lenguaje fisicalista o lenguajeobjeto en el que se hablara de cosas materiales y se les adscribieran propiedades observables.

El lenguaje fisicalista, por tanto, es intersubjetivo y no hay problema alguno en determinar la verdad de las aserciones hechas en dicho lenguaje. La Concepción Heredada incorpora el fiscalismo como doctrina del conocimiento perceptual.

La concepción heredada iba más allá de un sofisticado repertorio de postulados básicos relacionados con las teorías científicas, implícitamente compartidos por los filósofos de la ciencia de los años cincuenta del siglo pasado y derivados de la labor intelectual del círculo de Viena. Más bien, en la concepción heredada cristalizaba una manera de hacer filosofía de la ciencia que, en el fondo, partía de una interpretación sesgada de la significación del programa del positivismo lógico y, por extensión, de las consecuencias filosóficas de su posterior fracaso.

  La Distinción Teórico-Observacional

La versión inicial de la Concepción Heredada estipula que los términos del vocabulario observacional se interpretan como referidos a objetos físicos, o atributos de objetos físicos, directamente observables

No hay ninguna línea divisoria entre los predicados observables y los no observables, porque una persona será más o menos capaz de decidir sobre un enunciado en seguida, es decir, se inclinará después de un cierto tiempo a aceptar el enunciado.

Carnap decía que los filósofos y los científicos poseen muy diferentes formas de usar los términos ‘observable’ y ‘no observable’. Para un filósofo ‘observable’ tiene un significado muy estricto. Se aplica a propiedades como azul, duro, caliente. Son propiedades percibidas directamente por los sentidos. Para el fisico, el asunto tiene un significado mucho más amplio. Incluye cualquier magnitud cuantitativa que pueda medirse, de una forma directa, relativamente simple. Un filósofo no consideraría tal vez observables una temperatura de 80ºC, o un peso de 93 kilos, porque no hay percepción sensorial directa de tales magnitudes. Para un físico, ambos son fenómenos observables porque pueden medirse de una forma muy simple.

En general, el físico habla de observables en un sentido muy amplio comparado con el estricto sentido del filósofo, pero en ambos casos, la línea que separa lo observable de lo no “observable es infinitamente arbitraria.

La presentación de Carnap de la distinción teórico-observacional esconde una serie de características ocultas en ella, rasgos que necesitamos explicar claramente si hemos de ser capaces de juzgar los ataques críticos a que ha estado sometida ésta. La distinción teórico-observacional de Carnap encierra, de hecho, una doble dicotomía.

Primeramente hay una distinción entre aquellos objetos o entidades, sus propiedades y las relaciones que establecen que son susceptibles de observación directa (esto es, que se pueden percibir directamente mediante los sentidos potenciados al máximo por instrumentos muy simples) y aquellos que no lo son.

En segundo lugar, existe una división del vocabulario no lógico (esto es, empírico) de una teoría en términos de observación y términos no observacionales (o teóricos). Esta división establece que determinados términos empíricos de un lenguaje científico (por ejemplo, el lenguaje de la física) se deben insertar en el vocabulario observacional y el resto en el vocabulario teórico.

Por consiguiente, existen dos dicotomías: una que se refiere a los objetos y sus atributos y otra a los términos del lenguaje científico que, dado el significado de los términos, son coextensivas.

Dos observadores cualesquiera, que posean las palabras del vocabulario observacional usadas en las afirmaciones, al margen de su base científica o teórica, podrán estar de acuerdo acerca de la verdad de tales afirmaciones del vocabulario observacional. Dicho de otra forma, tales afirmaciones son científica y teóricamente neutrales, y no problemáticas con respecto a la verdad .

Estas dos doctrinas, la de que se pueden establecer dicotomías duales y coextensivas y la de que las afirmaciones del vocabulario observacional no serán problemáticas con respecto a la verdad, son dos de los rasgos de la Concepción Heredada sometidos a la más dura crítica por los oponentes a esta doctrina.

 

@filotecnologa.  Internauta Sin Pauta

La Observación depende de la Teoría

Esta entrada ha sido publicada por Filotecnóloga

Puedes encontrarla también en su blog Internauta Sin Pauta

Seguimos destripando el texto de Chalmers, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Chalmers sigue con su particular cruzada contra el inductivismo ingenuo, en esta ocasión desde el punto de vista de la percepción.

Según Chalmers, hay dos supuestos importantes que conlleva el inductivismo ingenuo con respecto a la observación:

  • Uno es que la ciencia comienza con la observación
  • El otro es que la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar el conocimiento.

Chalmers rechaza ambos, y da varias razones, no sin antes esbozar una idea de observación que cree ampliamente aceptada en la actualidad, y que presta plausabilidad a la postura inductivista ingenua.

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